martes, 6 de septiembre de 2011

Acuarium

El alma, toda ventana,
diáfanos cristales de ocio
—apretada geometría,
aurífice del contorno—,
al reflector del poniente
opone, en profundo biombo.

Tiende el recuerdo sus algas
de opaca seda, en el pozo
del pensamiento, a las playas
atlántidas de su fondo,
y raya, al sesgo, el diamante
dormido, con ciegos ojos,
el futuro. (Tangencial
fuga. Arabesco de monstruo.)
Sobre combas desnudeces
de arena, mece el otoño
rubias estrellas de mar
a que el verde enfría el oro.

En madreperleras cuevas,
cifran acordes armonios
la espontaneidad difícil
de la marina en reposo.
Submarinas caracolas
caracolean sus coros,
y arpas de coral se cuajan
de medusas y sollozos.

¡Oh arco-iris abisal!

... Resbalando bajo un flojo
velo de cernidos verdes,
blanca luna nueva el rostro,
¡mi sirenita de tierras,
casta y desnuda en el hondo
playerío, trae un ramo
de risas a mi monólogo!

José María Quiroga Plá
Verso y Prosa: época 1, año 1927, Septiembre, número 9



Versión auditiva de la obra
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